My life, has been extraordinary: blessed and cursed and won.


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lunes, 3 de septiembre de 2007

Negro horizonte para los ideales


¿Qué es lo que está pasando con la juventud del presente? Antes, la adolescencia y la juventud se caracterizaban por ser rebeldes con causa, ir en contra de lo establecido con propuestas nuevas, de contracultura, novedosas y cargadas de energía. Hoy, las ideologías de los jóvenes carecen completamente de argumentos y fundamentos, razones intelectuales ó sociales. Las nuevas propuestas son refritos de las reformas de los setentas y ochentas. Punketos, darketos, bohemios, hippies, falsos estandartes en blanco, que ya no promueven ideales, sino imágenes huecas, despojadas de su belleza rebelde. Se lucha por luchar, no por cambiar, proponer, o destruir paradigmas. Se habla de una libertad, pero se busca un libertinaje. El orden establecido es el nuevo anticristo, los valores y las costumbres son las vías de sus aquelarres, la rebeldía, el desorden social, las revueltas y la lucha por las clases populares son las consignas de hoy en día. sin embargo, no se molestan en acompañar esos gritos con soluciones, porque para eso está el gobierno, las instituciones. Sólo ahí son reconocidas. Los intereses del pueblo vuelven a tejer las banderas de las revoluciones, y nadie se percata que los costureros lo hacen con sus propias agujas, uniendo superficialmente las necesidades del hambre y la pobreza de un pueblo con sus ambiciones personales.
¿Quién ganará en un conflicto de intereses personales? Aquel que sepa aunar a su causa los malestares sociales. La filosofía se ha quedado atrás, víctima de la apatía por investigar y pensar. Jóvenes son aquellos que esuchan los ideales y se unen a la marchas sin preguntar qué caso tiene hacer todo eso. Jóvenes, los que aceptan un estereotipo de contracultura, rebelde y alborotador, teniendo cuidado de portarlo en la calle, en los desfiles, en las manifestaciones, pero arrojándolo al suelo apenas pisen su hogar. Lo juran y prometen con sus amigos, pero niegan su ideología social con sus abuelos, necesitados también de las nuevas reformas sociales.
Lo viejo, lo establecido, es aborrecido y repudiado. No sólo se condena, se destruye, todo sea por la nueva juventud eterna. Aquellos jóvenes entrados ya en los cuarenta, que se definen a sí mismos como los líderes del nuevo mundo, ciegos ante las hojas caídas del calendario, a las arrugas que muestra el espejo, a su propia necedad.
¿Quién paga por este conflicto de intereses, esta manipulación del conocimiento, esta razón muerta? Los verdaderos soñadores radicales, aquellos que, por sobre todas las cosas, queremos ver un mundo igual, en donde los derechos humanos se respeten en todas las clases sociales, donde humano y animal puedan coexistir en un mismo plano dimensional. Nosotros, recién nacidos que apenas estamos abriendo los ojos a un mundo desigual, roto, muerto. Nosotros, que absorbemos los conocimientos presentados como esponjas. Arrojados en un vertiginoso vórtice de pensamientos, ideologías, culturas, información, prestamos atención a todo lo que nos llama con su tentadora manzana de Eva. Tomamos aquello que nos parece correcto, en un contexto que no tiene pies ni cabeza. Choques de culturas, de intereses personales, pugnas sociales. Igualdad y libertad todavía son utopías que no podemos alcanzar. El mundo capitalizado es catapultado a una nueva dimensión ajena a nuestra razón y corazón.
Identidad no puede ser usado en plural, en social, sometida siempre a los grupos sociales, tan diversos, separados y encontrados, que no se puede ejercer una posición neutral y amigable. Caminemos un poco más, en la espera de ver una verdadera revolución del pensamiento, en donde podamos llegar a comprender qué demonios son la igualdad y la libertad, como esencia, y no como banderas políticas.

La trampa de la mente

Continuamente pensamos que existen muchas cosas en la vida que no merecen nuestra atención, y no nos damos la oportunidad de probarlas. A mi mente vienen muchos ejemplos, siendo los más comunes los momentos de decisión. Al llegar a un restaurante, ¿cuántas personas consideraron otras opciones antes de elegir el lugar correcto? Cuando se está ante un menú ¿cuántos deciden el plato que comieron la última vez en lugar de probar uno nuevo? En el cine ¿Cuántos se dejan llevar por el nombre del actor, considerando que una película es buena sólo por quien aparece en ella? ¿Cuántos de nosotros pasamos por una tienda y pensar que “está interesante” y sin embargo, nunca nos paramos para ver qué tiene?
Todos esos errores se lo aplicamos inmediatamente a la publicidad y al mal manejo de estrategias. Es muy común encontrarnos con comentarios que aluden a una campaña con fines erróneos, a que el nombre de cierto lugar no invita a la gente, a que la imagen está muy pobre, etc. Pero existen muchos casos en donde los prejuicios de las personas son los que las detienen. Yo osy en ejemplo de carne y hueso. Pluma Universitaria lleva más o menos un año siendo publicada, y, a pesar de ser una de las personas que siempre exigía un lugar para expresar mis ideas, nunca consideré seriamente en escribir un artículo. ¿Por qué? Una muy buena pregunta que, sin embargo, tiene una sencilla respuesta. Mis prejuicios bloqueaban mis deseos de expresarme. A menudo me sentaba frente a la computadora, escribía unas líneas, y las borraba inmediatamente, pensando que sonaban mal, que no invitaba a nadie a leer el artículo, que era insulso y aburrido, y terminaba desechando hasta la idea que quería externar.
Hay que tener en cuenta un mensaje muy importante que se está poniendo de moda. Los mensajes ocultos en el agua comprueban la teoría de la fuerza de los pensamientos. Y nosotros que somos 90% agua, ¿seremos afectados por la fuerza de nuestros prejuicios? Por supuesto que sí. Somos víctimas de los juegos mentales, de las ideas y paradigmas que lentamente se van incrustando en lo profundo de nuestro cerebro. Los prejuicios pueden formar una actitud en menos de un segundo. Quien sabe cuántas oportunidades de mejorar nuestras vidas se han ido por un simple pensamiento negativo, por un rechazo a elegir una opción distinta. No olvidemos la época en la que vivimos, tan individualista, fría y distante y cibernética. Un querido amigo, que probablemente leerá este artículo, solía decirme que no me adentrara en el juego de la sociedad. Triste época la nuestra, es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.